miércoles 2 de diciembre de 2009
sábado 31 de octubre de 2009
Agh
Estoy tan enojado que no sé por dónde empezar, por otra cosa que no sea eso. La computadora me dice que son las 2:43 am, la cabeza me va a estallar; aún tengo que terminar esos jodidos respaldos, quiero acostarme, quiero olvidar. Me vendría perfecto un buen sueño. Descansar esas benditas horas, en que no tengo que estar a la defensiva; con la espada desenvainada, siempre cuidándome de quién me va a atacar. Desesperado, sumamente tenso, aguantándome las ganas de mandar todo al carajo, a donde más lejos se pueda (¿o, no sería mejor, largarme yo? Dudo que alguien se vaya por su propia voluntad...) y poder dormir.
No entiendo por qué carajos, aunque esto no tenga mucho sentido, lo considero algo tan personal y, sin embargo, incomprensible. Escribo con los ojos cerrados, solo sintiendo cada nueva palabra que nace de mi teclado. En realidad, olvido a medida que escribo, no quiero regresar. Tantos problemas, memorias y razones, exucsas necesarias y mil perdones. Mundo complicado, jodidamente estúpido y egoísta; harto, harto, me duele el vientre de indigestión de realidad. Todo yo, todo yo. Frase típica del mocoso resignado, y ahora, del adulto resignado. ¿Qué importa quién tenga la culpa, si yo volveré a pedir perdón? Realmente, podría tener un poco de sexo esta noche, algo que me tuvo en vilo por la expectativa, una promesa. Es más, creo que tras esa ilusión desmoronada, ni siquiera siento deseo. Solo esta inmensa paz que en realidad, carcome mis sentidos más que calmarlos. Quiero ahogarme en una cacofonía de olores y sabores, de sonidos de trompeta y gente bulliciosa. Enmedio de todos ellos, armarme de una batuta y dirigir el caos. Perderme entre la vorágine, sintiendo deliciosamente cómo pierdo poco a poco mi ser, y como si sucumbiese a alguna droga mística, elevarme más allá de la imaginación. Perderme.
Realmente hay tanto que decir, mis párpados se cierran solos y el maldito backup no va ni al 10%. Y, gracias a que es un proceso manual, no tengo DVDs ni discos externos, será como siempre, hago las cosas y, aunque no las haga, siempre queda la semilla de la duda, o al menos, de mi pésima capacidad auditiva. No es de extrañarse que uno quede sordo tras escuchar repetidamente los clamores y lamentos de una sociedad decadente, conformista y ciertamente autodestructiva. El dolor de cabeza interrumpe mis cavilaciones; eso, en conjunto con los mareos y las ganas de ir al baño. Ya son las 2:53, prácticamente las 3 am. No he dicho nada aún, no me siento desahogado, podría seguir tecleando enmedio del país de Morfeo.
La realización de sueños tan estúpidos como ese obedece a nuestra gran y humana necesidad del reconocimiento y de estar sujetos a poderes más allá de nuestros alcances, pues confiamos en Dios y matamos en su nombre. Sospecho que a medida que corren los minutos, este desahogo se parece cada vez más a la parafernalia graciosa, un documento salpicado de todo y con sabor a nada. No enfocado, me desvío porque así me dicta la noche, muero de sueño y sigo aquí por la maldita responsabilidad, porque esperaré a que mi chica esté segura y calientita en la cama para ir a mendigar un espacio a su lado.
Olviden todo lo que dije. De cualquier manera, pediré perdón yo.
No entiendo por qué carajos, aunque esto no tenga mucho sentido, lo considero algo tan personal y, sin embargo, incomprensible. Escribo con los ojos cerrados, solo sintiendo cada nueva palabra que nace de mi teclado. En realidad, olvido a medida que escribo, no quiero regresar. Tantos problemas, memorias y razones, exucsas necesarias y mil perdones. Mundo complicado, jodidamente estúpido y egoísta; harto, harto, me duele el vientre de indigestión de realidad. Todo yo, todo yo. Frase típica del mocoso resignado, y ahora, del adulto resignado. ¿Qué importa quién tenga la culpa, si yo volveré a pedir perdón? Realmente, podría tener un poco de sexo esta noche, algo que me tuvo en vilo por la expectativa, una promesa. Es más, creo que tras esa ilusión desmoronada, ni siquiera siento deseo. Solo esta inmensa paz que en realidad, carcome mis sentidos más que calmarlos. Quiero ahogarme en una cacofonía de olores y sabores, de sonidos de trompeta y gente bulliciosa. Enmedio de todos ellos, armarme de una batuta y dirigir el caos. Perderme entre la vorágine, sintiendo deliciosamente cómo pierdo poco a poco mi ser, y como si sucumbiese a alguna droga mística, elevarme más allá de la imaginación. Perderme.
Realmente hay tanto que decir, mis párpados se cierran solos y el maldito backup no va ni al 10%. Y, gracias a que es un proceso manual, no tengo DVDs ni discos externos, será como siempre, hago las cosas y, aunque no las haga, siempre queda la semilla de la duda, o al menos, de mi pésima capacidad auditiva. No es de extrañarse que uno quede sordo tras escuchar repetidamente los clamores y lamentos de una sociedad decadente, conformista y ciertamente autodestructiva. El dolor de cabeza interrumpe mis cavilaciones; eso, en conjunto con los mareos y las ganas de ir al baño. Ya son las 2:53, prácticamente las 3 am. No he dicho nada aún, no me siento desahogado, podría seguir tecleando enmedio del país de Morfeo.
La realización de sueños tan estúpidos como ese obedece a nuestra gran y humana necesidad del reconocimiento y de estar sujetos a poderes más allá de nuestros alcances, pues confiamos en Dios y matamos en su nombre. Sospecho que a medida que corren los minutos, este desahogo se parece cada vez más a la parafernalia graciosa, un documento salpicado de todo y con sabor a nada. No enfocado, me desvío porque así me dicta la noche, muero de sueño y sigo aquí por la maldita responsabilidad, porque esperaré a que mi chica esté segura y calientita en la cama para ir a mendigar un espacio a su lado.
Olviden todo lo que dije. De cualquier manera, pediré perdón yo.
lunes 26 de octubre de 2009
Rag Doll Physics
~ Pure as the unborn son,
Pure as the maid should be
Ceased to breathe again...
Never look away from those with nothing to spare...
But I do, and I don't
Want to care anymore,
If I close my eyes
Would it spare me the sight?
Of decay, corruption, how we nurture destruction...
And everything that will doom us all.
Chaos may be thy name,
You left us for anything
Trust's never been so misplaced
As in your arms that day.
Those that you gave away
To those who could ease your mind...
We were nothing but a waste of your time and space...
But I do, and I don't
Want to care anymore,
If I close my eyes
Would it spare me the sight?
Of decay, corruption, how we nurture destruction...
And everything that will doom us all.
But I do, and I don't
Want to care anymore,
If I close my eyes
Would it spare me the sight?
Of decay, corruption, how we nurture destruction...
And everything that will doom us all. ~
...Pretty much how I feel right now.
miércoles 23 de septiembre de 2009
Luna
Carroza de plata, medias de seda,
Cuerpo de diosa, ¡oh! Luna hechicera
Soberana absoluta del cuerpo ancestral.
Riges mi vida con luz cegadora;
Nadie, solo tú, mi argéntea señora
Ilumina sin tregua el dolor de mi faz.
Princesa secuestrada, del Sol prisionera
Que lloras y tiñes de leche las estrellas,
amamantas los sueños y alimentas la paz.
Dulce traicionera, belleza sin tregua,
Gentil soberana con beso de alma,
Soy todo tuyo. Espero tu calma,
Que riegues con tu vida el espacio de mi ser.
Pendiente dejo mi esperanza vacía,
El amor de un cielo, la dulce compañía;
Preciosa señora de complaciente armonía
Y labios de seda, teñidos de bienestar.
Cuerpo de diosa, ¡oh! Luna hechicera
Soberana absoluta del cuerpo ancestral.
Riges mi vida con luz cegadora;
Nadie, solo tú, mi argéntea señora
Ilumina sin tregua el dolor de mi faz.
Princesa secuestrada, del Sol prisionera
Que lloras y tiñes de leche las estrellas,
amamantas los sueños y alimentas la paz.
Dulce traicionera, belleza sin tregua,
Gentil soberana con beso de alma,
Soy todo tuyo. Espero tu calma,
Que riegues con tu vida el espacio de mi ser.
Pendiente dejo mi esperanza vacía,
El amor de un cielo, la dulce compañía;
Preciosa señora de complaciente armonía
Y labios de seda, teñidos de bienestar.
viernes 26 de junio de 2009
Indignación.
Sentado frente al luminoso monitor
(las horas muertas transcurren sin cesar)
iluminado por el foco moribundo del lugar;
leyendo sin parar, abstraído, con fervor,
pensando a dónde llegará este lugar.
Veo un país condenado por su gente,
un paraíso derrochado en la banalidad,
destruido no solo por la gente "decente",
sino por todos aquellos que se sientan a esperar.
¿Cómo es posible que el mismo mexicano
desperdicie su vida sin obrar el milagro
de tomar las armas y levantarse a luchar?
¿Es que acaso no puede tomarse un descanso
de la basura idiota que nos han enjaretado
y por breves instantes, ponerse a pensar?
Me indigna la venda que ponemos en la mirada
ante la necesidad del amigo, ante el dolor tuyo
ante los versos tristes del payaso cansado,
ante la vida desfalleciente de los desamparados,
ante la Patria secuestrada por un millonario,
ante la espera vana de quien quiere un mañana
libre de culpas, miedo y desgracias
- que en lugar cómodo se siente, ya se cansará -
del hombre honrado que quiere trabajar.
Vivo en un país de paradisiacas playas
donde al paisano se niega la mano
y se tiende al ajeno el brazo y el corazón.
Abrimos los ojos ante los males de otros
pero no mitigamos el peso de su cruz;
antes repudiamos el olor de su cuerpo
cansado, agobiado por tantos recuerdos
de tiempos en que otro eran el aire y la luz.
Espero con ellos un día aciago
en que la guerra barra con toda la faz
de mi país adorado, capturado por el terror,
enceguecido por modas, por odio y desvío,
dividido por la falta de amor cultural.
Es el Edén un lugar escondido
entre los verdes linajes de ascendencia antigua;
mas, ¡qué importa! ¡Los vecinos de arriba
lo han comprado para hacer un hostal!
Que las clases pudientes hagan sus refugios
allá donde el monte crecía con hierbas;
que todos lloren la pérdida del idiota
que envenena a la juventud con melodías pendejas.
Ay, México, tan lejos de tu Dios apagado,
y al mismo tiempo tan cerca de los negados
Estados Unidos de la Puta Norteamérica.
Me pregunto si un día veré tus pecados
y pensaré que es cosa de historias eternas.
Hoy te lloro, mi tierra, con el dolor campesino
de quien vive en desgracia y cría su tierra
para apenas levantar la mirada subyugada
y ver cómo por el césped ruedan las cabezas.
Los Zetas secuestran la realidad mexicana,
la televisión aparta a las ideas inteligentes,
llenamos nuestro estómago de comida industrializada,
adoramos a los estúpidos, porque son pudientes.
Vestimos nuestros armarios de ropa cara
y vendemos nuestra dignidad por collares de plástico,
que nos tienen amarrados a la vigilante armada
de los Estados Unidos Norteamericanos.
¿Dónde queda el orgullo de mi país?
¿Escondido tras un nopal, encerrado en la sierra?
¿Tragado por las bestias de otras tierras?
¿Qué ha sido siempre de la sociedad?
¿Por qué sus entrañas se pudren, sempiternas?
¿Qué le pasa a la gente, presa y callada,
quejándose ante todo y actuando ante nada?
Si vienen los tiempos de caídas tremendas,
quiero ser yo quien levante las alas,
y haga algo por esta, mi Patria.
México, lugar de costumbres desconocidas
para los propios mexicanos, desgracia eterna.
Hacia el Norte todos sin pensar nos largamos
y despreciamos la herencia de nuestras horas amargas.
¿Dónde queda la inconforme batalla
que libran las mentes contra la industrializada
sociedad de consumo que a todos amarra?
¿Cuándo, Dios mío, levantarás la mano
sobre estas personas que sin cesar aplastas?
¿Cuándo dejarás de mandar a tus curas
que ciegan los ojos de las movibles masas?
¿Desde cuándo es pecado pensar diferente
e indultas al pedófilo, perdonas al avaricioso
que en tu iglesia fomenta el horror de la perdición?
Regalamos el dinero a los parásitos sociales
haciéndolo en nombre de la "santa religión".
Criticas al negro, al homosexual y al ateo,
niegas a todos la libertad de expresión.
Linchas al que quiere levantar la mirada
del suelo en que nos tiene la cruel represión.
¿Es que acaso no podremos nunca
escapar de nuestra autolabrada prisión?
Yo, ¡protesto!, levanto mis palabras
- inútil gesto, mañana serán nada -
esperando que alguien escuche mi clamor.
Porque si somos humanos, pensantes e indignados
¿Qué razón tenemos para acallar al corazón?
Estoy cansado, hagamos algo
(un movimiento, una idea, un breve descanso)
por salvar nuestras mentes de la degeneración...
-----
Estoy cansado, en verdad. Por favor, empecemos a abrir los ojos y la inteligencia. Leamos, creemos, inventemos y levantemos este mundo. Yo soy mexicano. Pero todos estamos igualmente reprimidos.
Es un solo favor el que pido. Seamos libres e individuales.
Pensemos.
~ H
(las horas muertas transcurren sin cesar)
iluminado por el foco moribundo del lugar;
leyendo sin parar, abstraído, con fervor,
pensando a dónde llegará este lugar.
Veo un país condenado por su gente,
un paraíso derrochado en la banalidad,
destruido no solo por la gente "decente",
sino por todos aquellos que se sientan a esperar.
¿Cómo es posible que el mismo mexicano
desperdicie su vida sin obrar el milagro
de tomar las armas y levantarse a luchar?
¿Es que acaso no puede tomarse un descanso
de la basura idiota que nos han enjaretado
y por breves instantes, ponerse a pensar?
Me indigna la venda que ponemos en la mirada
ante la necesidad del amigo, ante el dolor tuyo
ante los versos tristes del payaso cansado,
ante la vida desfalleciente de los desamparados,
ante la Patria secuestrada por un millonario,
ante la espera vana de quien quiere un mañana
libre de culpas, miedo y desgracias
- que en lugar cómodo se siente, ya se cansará -
del hombre honrado que quiere trabajar.
Vivo en un país de paradisiacas playas
donde al paisano se niega la mano
y se tiende al ajeno el brazo y el corazón.
Abrimos los ojos ante los males de otros
pero no mitigamos el peso de su cruz;
antes repudiamos el olor de su cuerpo
cansado, agobiado por tantos recuerdos
de tiempos en que otro eran el aire y la luz.
Espero con ellos un día aciago
en que la guerra barra con toda la faz
de mi país adorado, capturado por el terror,
enceguecido por modas, por odio y desvío,
dividido por la falta de amor cultural.
Es el Edén un lugar escondido
entre los verdes linajes de ascendencia antigua;
mas, ¡qué importa! ¡Los vecinos de arriba
lo han comprado para hacer un hostal!
Que las clases pudientes hagan sus refugios
allá donde el monte crecía con hierbas;
que todos lloren la pérdida del idiota
que envenena a la juventud con melodías pendejas.
Ay, México, tan lejos de tu Dios apagado,
y al mismo tiempo tan cerca de los negados
Estados Unidos de la Puta Norteamérica.
Me pregunto si un día veré tus pecados
y pensaré que es cosa de historias eternas.
Hoy te lloro, mi tierra, con el dolor campesino
de quien vive en desgracia y cría su tierra
para apenas levantar la mirada subyugada
y ver cómo por el césped ruedan las cabezas.
Los Zetas secuestran la realidad mexicana,
la televisión aparta a las ideas inteligentes,
llenamos nuestro estómago de comida industrializada,
adoramos a los estúpidos, porque son pudientes.
Vestimos nuestros armarios de ropa cara
y vendemos nuestra dignidad por collares de plástico,
que nos tienen amarrados a la vigilante armada
de los Estados Unidos Norteamericanos.
¿Dónde queda el orgullo de mi país?
¿Escondido tras un nopal, encerrado en la sierra?
¿Tragado por las bestias de otras tierras?
¿Qué ha sido siempre de la sociedad?
¿Por qué sus entrañas se pudren, sempiternas?
¿Qué le pasa a la gente, presa y callada,
quejándose ante todo y actuando ante nada?
Si vienen los tiempos de caídas tremendas,
quiero ser yo quien levante las alas,
y haga algo por esta, mi Patria.
México, lugar de costumbres desconocidas
para los propios mexicanos, desgracia eterna.
Hacia el Norte todos sin pensar nos largamos
y despreciamos la herencia de nuestras horas amargas.
¿Dónde queda la inconforme batalla
que libran las mentes contra la industrializada
sociedad de consumo que a todos amarra?
¿Cuándo, Dios mío, levantarás la mano
sobre estas personas que sin cesar aplastas?
¿Cuándo dejarás de mandar a tus curas
que ciegan los ojos de las movibles masas?
¿Desde cuándo es pecado pensar diferente
e indultas al pedófilo, perdonas al avaricioso
que en tu iglesia fomenta el horror de la perdición?
Regalamos el dinero a los parásitos sociales
haciéndolo en nombre de la "santa religión".
Criticas al negro, al homosexual y al ateo,
niegas a todos la libertad de expresión.
Linchas al que quiere levantar la mirada
del suelo en que nos tiene la cruel represión.
¿Es que acaso no podremos nunca
escapar de nuestra autolabrada prisión?
Yo, ¡protesto!, levanto mis palabras
- inútil gesto, mañana serán nada -
esperando que alguien escuche mi clamor.
Porque si somos humanos, pensantes e indignados
¿Qué razón tenemos para acallar al corazón?
Estoy cansado, hagamos algo
(un movimiento, una idea, un breve descanso)
por salvar nuestras mentes de la degeneración...
-----
Estoy cansado, en verdad. Por favor, empecemos a abrir los ojos y la inteligencia. Leamos, creemos, inventemos y levantemos este mundo. Yo soy mexicano. Pero todos estamos igualmente reprimidos.
Es un solo favor el que pido. Seamos libres e individuales.
Pensemos.
~ H
jueves 18 de junio de 2009
Tiempo.
¿A quién le preguntas qué es la soledad, que pueda contestarte sin duda?
Me siento sumamente solo. No sé si he alejado a la gente, o ellos lo han hecho de mí; no sé a quién preguntar, o si valga la pena hacerlo; no sé si es soledad o hastío lo que ahora me tiene así. Triste, suspirando, con los nervios al acecho. Quiero platicar, pero no sé qué decir. La mente se me queda blanca, y el intento de contacto queda en eso, mero intento. No tengo deseos de nada, solo... De escapar del frío.
No sé por qué me molesto, si esto no va a ser leído, y escribirlo no va a hacerme sentir mejor. Me frustran los sarcasmos, me harta la indiferencia, y no sé si es porque yo me he vuelto así, más ácido y huraño, pero al mismo tiempo deseoso de afecto. Ahora que se acercan los momentos de retomar mi vida (con unos cuantos problemas extra...) no dudo, no flaqueo, pero sí lloro. Carajo, ¿no he aprendido nada, sigo en círculos sobre la misma pista? Todos los días escucho las mismas canciones, intercambio las mismas frases de rigor y cortesía, me dejo escapar a mí mismo poco a poco entre el tiempo desperdiciado y los ayeres olvidados; leo mangas, pierdo el tiempo, juego y juego, ¿y dónde queda mi voluntad? No escribo, no me nace ni siento necesidad como antes; esto es como un suspiro inesperado, porque sé que no volveré a hacerlo en un buen tiempo. Volví a ser master de Vampire y fue una buena salida para lo poco que tengo acumulado. ¿Y ahora? ¿Dónde quedó mi "talento", mi "inteligencia"? Un argumento caritativo sería decir que estoy nublado en este momento, por los problemas o por la autoconmiseración; pero yo recuerdo que eran esos tiempos cuando más mostraba la disposición para crear.
¿Qué, acaso, me he engañado todo este tiempo? ¿Y de paso a ustedes? Leo y releo lo poco que he escrito: las mismas metáforas, los mismos temas, orgullos nacidos de un dolor común. ¿Dónde quedó la admiración, el sentimiento, el placer de crear? Me siento casi como un actor fracasado, olvidado en los tiempos pasados y reliquia en este futuro; como si las glorias de antaño - glorias que nunca tuve, olvidos y despechos - se burlaran de mí en forma de mis recuerdos. En verdad me siento acongojado y aburrido de mí mismo. Decepcionado. Engañado, que es aún peor.
Que alguien venga y me muestre por qué decía que soy bueno...
...Por favor.
Me siento sumamente solo. No sé si he alejado a la gente, o ellos lo han hecho de mí; no sé a quién preguntar, o si valga la pena hacerlo; no sé si es soledad o hastío lo que ahora me tiene así. Triste, suspirando, con los nervios al acecho. Quiero platicar, pero no sé qué decir. La mente se me queda blanca, y el intento de contacto queda en eso, mero intento. No tengo deseos de nada, solo... De escapar del frío.
No sé por qué me molesto, si esto no va a ser leído, y escribirlo no va a hacerme sentir mejor. Me frustran los sarcasmos, me harta la indiferencia, y no sé si es porque yo me he vuelto así, más ácido y huraño, pero al mismo tiempo deseoso de afecto. Ahora que se acercan los momentos de retomar mi vida (con unos cuantos problemas extra...) no dudo, no flaqueo, pero sí lloro. Carajo, ¿no he aprendido nada, sigo en círculos sobre la misma pista? Todos los días escucho las mismas canciones, intercambio las mismas frases de rigor y cortesía, me dejo escapar a mí mismo poco a poco entre el tiempo desperdiciado y los ayeres olvidados; leo mangas, pierdo el tiempo, juego y juego, ¿y dónde queda mi voluntad? No escribo, no me nace ni siento necesidad como antes; esto es como un suspiro inesperado, porque sé que no volveré a hacerlo en un buen tiempo. Volví a ser master de Vampire y fue una buena salida para lo poco que tengo acumulado. ¿Y ahora? ¿Dónde quedó mi "talento", mi "inteligencia"? Un argumento caritativo sería decir que estoy nublado en este momento, por los problemas o por la autoconmiseración; pero yo recuerdo que eran esos tiempos cuando más mostraba la disposición para crear.
¿Qué, acaso, me he engañado todo este tiempo? ¿Y de paso a ustedes? Leo y releo lo poco que he escrito: las mismas metáforas, los mismos temas, orgullos nacidos de un dolor común. ¿Dónde quedó la admiración, el sentimiento, el placer de crear? Me siento casi como un actor fracasado, olvidado en los tiempos pasados y reliquia en este futuro; como si las glorias de antaño - glorias que nunca tuve, olvidos y despechos - se burlaran de mí en forma de mis recuerdos. En verdad me siento acongojado y aburrido de mí mismo. Decepcionado. Engañado, que es aún peor.
Que alguien venga y me muestre por qué decía que soy bueno...
...Por favor.
domingo 1 de febrero de 2009
Eldréion: Chronicles. Prólogo.
Aquella tarde de invierno, la avenida principal de la Ciudad Oculta bullía de gente. Millares de personas, congregadas para presenciar la coronación del nuevo Guardián, se reunían en torno a la Fuente Roja, situada al final de la calle. La muchedumbre no cabía en sí de la excitación; después de todo, el nombramiento de un Guardián no era acontecimiento cotidiano, máxime que se realizaba cada 100 años, y esta vez sólo habían transcurrido 70 desde el último ceremonial. Las circunstancias que propiciaron este hecho eran completamente desconocidas para la gente, cosa que aumentaba la agitación de la misma.
Eran ya las 1257, y el ingreso del nuevo candidato a la investidura se esperaba a las 1300. Los minutos transcurrían lentamente; la plaza parecía desbordarse; los guardias procuraban, en vano, mantener el orden; el pueblo clamaba por la aparición de quien sería el actual protector del tesoro más preciado en Dakron. El cuentagotas temporal dejaba escapar preciosos segundos, inexorable. 1258... 1259...
Súbitamente, una algarabía general estalló. Por la calle, escoltado por múltiples espadachines, llegaba un carro, cuyos tres pasajeros eran dos antiguos magos conocidos como Ordrus y Mahr’ Kyeh, y un joven de aproximadamente dieciséis años, a juzgar por su rostro. El chico se llamaba Demian. El solemne trío iba ataviado de manera idéntica, con túnicas azules; las diferencias entre sus ropajes eran casi imperceptibles; sin embargo, para aquellos que conocían la jerarquía y organización del grupo regente de Dakron, los conocidos como Rheighn, eran datos preciosos sobre aquel enigmático grupo. Ambos hechiceros ostentaban un pequeño medallón dorado: el símbolo de la Orden. Demian, a diferencia de ellos, no lo tenía; en su lugar, llevaba un pendiente negro, de origen incierto.
Los dos ancianos, sosteniéndose en un báculo plateado, hicieron una seña, a la cual el gentío calló. La solemnidad del rito a realizarse requería silencio. El portentoso conjunto descendió del vehículo sin posar los pies en el suelo; levitaban, a efecto de adquirir velocidad, y poder completar lo antes posible la ceremonia. Una vez llegados a la Fuente, Ordrus tocó el piso con su cetro, y pronunció ininteligiblemente una frase. En respuesta, el agua cesó de manar, revelando una piedra negra, con una inscripción en simbología extraña. Mahr’ Kyeh, descendiendo a tierra, comenzó a pronunciar un conjuro en un idioma desconocido, al parecer correspondiente a la críptica escritura, con una dicción y velocidad increíbles. Demian, con la cabeza baja., aguardaba el momento en que su cuerpo albergara las armas gemelas Ángelus y Dæmon, la prueba de su rango de Guardián.
- Demian de Zaphros, hijo de Daphne, has sido llamado hoy para asumir la mayor responsabilidad que se puede tener en nuestro pueblo. Mas no eres digno aún de tomar en ti semejante carga: tus acciones hablan en tu favor, pero has de demostrar tu valía para ello. “¡Bendito aquel que es ignorante! Las dudas no corromperán su corazón, ni albergará monstruo alguno”, rezan los sagrados pergaminos de Eileen. Has de probar, frente al pueblo de la Ciudad Oculta, que puedes vencerte a ti mismo y llevar con orgullo la Insignia de Eileen. Porque el ser humano tiene como peor enemigo a sí mismo. ¡Mírate al espejo y descubre tus temores!
Al decir estas palabras, el nigromante tocó la piedra con su cayado, trazando una línea que dividió el monolito por la mitad. Una luz cegadora salió del mismo, y la roca esculpida se separó, apareciendo en medio de sus partes un espejo negro. La muchedumbre emitió un grito de asombro: aquel era el legendario Espejo de Eileen, el instrumento prohibido por el primer rey de Dakron en su lecho de muerte. 500 años hacía ya de ese hecho, durante los cuales la ubicación del Espejo había permanecido en secreto... Hasta ese día.
No era esto lo que pasaba normalmente en una ceremonia de nombramiento; ni siquiera los más viejos pobladores de la Ciudad podían recordar que el ceremonial fuera de aquella manera. La gente comenzó a agitarse... ¿Quién era aquel joven? ¿Qué había motivado la realización de aquel evento? ¿Cuál sería la prueba? O, ¿Por qué esa prueba? Las interrogantes flotaban en el ambiente. El desconcierto era tangible en el frío aire de aquella tarde.
Demian, sereno, levantó su cabeza. Se aproximó lentamente a aquel objeto místico, sin observarlo realmente, apreciando sólo su fina hechura, la extraña y arcana belleza de aquel misterioso instrumento... Pero evitando ver el cristal. Sólo cuando estuvo a menos de un metro de él, enfrentó su faz con la superficie oscura, permitiendo ver su reflejo en ella. Ahí estaba él, un adolescente de 16 años, en la flor de la juventud; la tersura de su piel y los negros cabellos, que enmarcaban su semblante tranquilo y calmado, atestiguaban una belleza extraña, como una obra imperfecta, pero obra maestra al fin. No restaban estos detalles ni un ápice de masculinidad a su fisonomía; antes le daban un aspecto de madurez y una mirada imperturbable. Repentinamente, el espejo se tornó blanco, deslumbrando a los presentes. El único que podía ver aún era Demian, absorto en la contemplación de sí mismo. Por ello, no se percató de la energía que el cristal emanaba, y que lo iba envolviendo lentamente. Sus sentidos estaban ciegos para cualquier cosa que no fuera él mismo.
El gentío, aterrado, comenzó a dispersarse. Ordrus y Mahr’ Kyeh, empuñando sus báculos, se aprestaron para la batalla. Una mirada de decepción pudo apreciarse en sus negros ojos; aquella no era la manera en que su aprendiz debía haber reaccionado. Sin embargo, el peligro que iban a encarar requería su atención absoluta, pues se hallaba en juego el planeta mismo. En efecto, si el poder que se hallaba frente a ellos no era controlado, y llegara a aproximarse lo suficiente al centro de la Fortaleza, todos los esfuerzos de los 6 habrían sido en vano, y todo cuanto era conocido perecería. La situación se tornaba grave; las inmensas cantidades de electricidad estática comenzaban a crear tempestades; el viento, enfurecido, derribaba todo cuanto se atravesaba delante de él; las aguas enloquecían y amenazaban con sepultar la Ciudad. La naturaleza parecía querer quitar a la humanidad aquello oculto tras recónditas paredes y laberínticos cuartos, el tesoro de Dakron. Eso que Demian debía proteger... Pero el muchacho estaba abstraído completamente de la catástrofe a su alrededor. Todo cuanto pasaba le era indiferente: tal era el peligro del Espejo de Eileen, que no reflejaba sino los peores deseos y pecados del incauto que osara reflejarse en él, arrebatando la voluntad a la víctima.
Los dos magos comenzaron a recitar un conjuro, aquel que menos querían utilizar. Tendrían que volver a sellar todo aquel poder... Aunque supondría encerrar junto con ello el alma de su pupilo. Pero no había otra alternativa. Resignados, ambos comenzaron: “Ftreg’n laimus dénimos...”
Eran ya las 1257, y el ingreso del nuevo candidato a la investidura se esperaba a las 1300. Los minutos transcurrían lentamente; la plaza parecía desbordarse; los guardias procuraban, en vano, mantener el orden; el pueblo clamaba por la aparición de quien sería el actual protector del tesoro más preciado en Dakron. El cuentagotas temporal dejaba escapar preciosos segundos, inexorable. 1258... 1259...
Súbitamente, una algarabía general estalló. Por la calle, escoltado por múltiples espadachines, llegaba un carro, cuyos tres pasajeros eran dos antiguos magos conocidos como Ordrus y Mahr’ Kyeh, y un joven de aproximadamente dieciséis años, a juzgar por su rostro. El chico se llamaba Demian. El solemne trío iba ataviado de manera idéntica, con túnicas azules; las diferencias entre sus ropajes eran casi imperceptibles; sin embargo, para aquellos que conocían la jerarquía y organización del grupo regente de Dakron, los conocidos como Rheighn, eran datos preciosos sobre aquel enigmático grupo. Ambos hechiceros ostentaban un pequeño medallón dorado: el símbolo de la Orden. Demian, a diferencia de ellos, no lo tenía; en su lugar, llevaba un pendiente negro, de origen incierto.
Los dos ancianos, sosteniéndose en un báculo plateado, hicieron una seña, a la cual el gentío calló. La solemnidad del rito a realizarse requería silencio. El portentoso conjunto descendió del vehículo sin posar los pies en el suelo; levitaban, a efecto de adquirir velocidad, y poder completar lo antes posible la ceremonia. Una vez llegados a la Fuente, Ordrus tocó el piso con su cetro, y pronunció ininteligiblemente una frase. En respuesta, el agua cesó de manar, revelando una piedra negra, con una inscripción en simbología extraña. Mahr’ Kyeh, descendiendo a tierra, comenzó a pronunciar un conjuro en un idioma desconocido, al parecer correspondiente a la críptica escritura, con una dicción y velocidad increíbles. Demian, con la cabeza baja., aguardaba el momento en que su cuerpo albergara las armas gemelas Ángelus y Dæmon, la prueba de su rango de Guardián.
- Demian de Zaphros, hijo de Daphne, has sido llamado hoy para asumir la mayor responsabilidad que se puede tener en nuestro pueblo. Mas no eres digno aún de tomar en ti semejante carga: tus acciones hablan en tu favor, pero has de demostrar tu valía para ello. “¡Bendito aquel que es ignorante! Las dudas no corromperán su corazón, ni albergará monstruo alguno”, rezan los sagrados pergaminos de Eileen. Has de probar, frente al pueblo de la Ciudad Oculta, que puedes vencerte a ti mismo y llevar con orgullo la Insignia de Eileen. Porque el ser humano tiene como peor enemigo a sí mismo. ¡Mírate al espejo y descubre tus temores!
Al decir estas palabras, el nigromante tocó la piedra con su cayado, trazando una línea que dividió el monolito por la mitad. Una luz cegadora salió del mismo, y la roca esculpida se separó, apareciendo en medio de sus partes un espejo negro. La muchedumbre emitió un grito de asombro: aquel era el legendario Espejo de Eileen, el instrumento prohibido por el primer rey de Dakron en su lecho de muerte. 500 años hacía ya de ese hecho, durante los cuales la ubicación del Espejo había permanecido en secreto... Hasta ese día.
No era esto lo que pasaba normalmente en una ceremonia de nombramiento; ni siquiera los más viejos pobladores de la Ciudad podían recordar que el ceremonial fuera de aquella manera. La gente comenzó a agitarse... ¿Quién era aquel joven? ¿Qué había motivado la realización de aquel evento? ¿Cuál sería la prueba? O, ¿Por qué esa prueba? Las interrogantes flotaban en el ambiente. El desconcierto era tangible en el frío aire de aquella tarde.
Demian, sereno, levantó su cabeza. Se aproximó lentamente a aquel objeto místico, sin observarlo realmente, apreciando sólo su fina hechura, la extraña y arcana belleza de aquel misterioso instrumento... Pero evitando ver el cristal. Sólo cuando estuvo a menos de un metro de él, enfrentó su faz con la superficie oscura, permitiendo ver su reflejo en ella. Ahí estaba él, un adolescente de 16 años, en la flor de la juventud; la tersura de su piel y los negros cabellos, que enmarcaban su semblante tranquilo y calmado, atestiguaban una belleza extraña, como una obra imperfecta, pero obra maestra al fin. No restaban estos detalles ni un ápice de masculinidad a su fisonomía; antes le daban un aspecto de madurez y una mirada imperturbable. Repentinamente, el espejo se tornó blanco, deslumbrando a los presentes. El único que podía ver aún era Demian, absorto en la contemplación de sí mismo. Por ello, no se percató de la energía que el cristal emanaba, y que lo iba envolviendo lentamente. Sus sentidos estaban ciegos para cualquier cosa que no fuera él mismo.
El gentío, aterrado, comenzó a dispersarse. Ordrus y Mahr’ Kyeh, empuñando sus báculos, se aprestaron para la batalla. Una mirada de decepción pudo apreciarse en sus negros ojos; aquella no era la manera en que su aprendiz debía haber reaccionado. Sin embargo, el peligro que iban a encarar requería su atención absoluta, pues se hallaba en juego el planeta mismo. En efecto, si el poder que se hallaba frente a ellos no era controlado, y llegara a aproximarse lo suficiente al centro de la Fortaleza, todos los esfuerzos de los 6 habrían sido en vano, y todo cuanto era conocido perecería. La situación se tornaba grave; las inmensas cantidades de electricidad estática comenzaban a crear tempestades; el viento, enfurecido, derribaba todo cuanto se atravesaba delante de él; las aguas enloquecían y amenazaban con sepultar la Ciudad. La naturaleza parecía querer quitar a la humanidad aquello oculto tras recónditas paredes y laberínticos cuartos, el tesoro de Dakron. Eso que Demian debía proteger... Pero el muchacho estaba abstraído completamente de la catástrofe a su alrededor. Todo cuanto pasaba le era indiferente: tal era el peligro del Espejo de Eileen, que no reflejaba sino los peores deseos y pecados del incauto que osara reflejarse en él, arrebatando la voluntad a la víctima.
Los dos magos comenzaron a recitar un conjuro, aquel que menos querían utilizar. Tendrían que volver a sellar todo aquel poder... Aunque supondría encerrar junto con ello el alma de su pupilo. Pero no había otra alternativa. Resignados, ambos comenzaron: “Ftreg’n laimus dénimos...”
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