No pensé regresar tan rápido, pero así son las palabras, de fugaces y contradictorias. Importantes en un instante, y al siguiente perdidas por su misma veleidad. Caminaba hoy bajo los cielos, en compañía, y sin embargo, no sentía nada más que el latigazo de Eolo. Por azares, tuve que levantar mis orbes a los astros... Me encontré con una estrella, una sola, brillante en demasía; sin embargo, la luz de un farol cercano casi me ciega a su resplandor. Como si fuese una metáfora de la carrera vital: cuanto más cercana es la iluminación y la esperanza, más cegado quedo a las posibilidades más allá.
Temas paralelos que discurren sin pensar. Quisiera preguntarme en qué momento pensé en las circunstancias, mas sé que no tiene sentido alguno. Es como llorar sobre la leche derramada, o perder los estribos ante lo imposible de realizar. Mientras regresaba a mi refugio (temporal ha de ser, no espero más que un instante de mi existencia), era presa y cazador de la melancolía, absorto en canciones a pleno pulmón y sentimientos desbordados, ajenos pero hechos míos por la pura gracia de la inconsciencia y la falta de voz propia.
A través de esta semana he cargado con muchos precios, demasiados recargos, y aún más deudas por mis acciones. Más que el adiós temprano que ayer expresé, hay un gusto a sangre, a muerte, a historias sin escribir en mi garganta. Me quedaré, sin duda ya, hundido en el cieno, pues no poseo la voluntad para escapar. Y no emitiré queja sobre lo injusta que es la vida. Consciente soy, elección propia me mantiene amordazado. Pero hay situaciones ajenas, como en todo buen drama, que añaden sabor al problema. Si en un pasado muy cercano, por ejemplo, dejé atrás una relación, y hoy observo atisbos de un fin anunciado - si no era yo, otro había; la sospecha existió, mas la sepulté en la confianza - entre las mismas palabras que un día amé, ¿será que simplemente llegó el llanto en el momento oportuno?
Se puede sumar a todo esto (no importa que ya sea un torbellino, metámosle más deseo y confusión... Desde arriba todo se ve divertido) la búsqueda de razones para ser yo el necesario. Consciente soy que muy posiblemente es natural para ella... No, qué digo posiblemente, no caben incertidumbres en lo que se sabe al dedillo. Después de todo, no existe motivación más que la de una amistad compartida. Y no sé si yo quiero algo más. Porque podría ser la misma necesidad que me llevó al pasado: el no estar solo. Ah, pero tenemos más inconvenientes aún... Dado que ella posee ya un corazón ajeno, que le corresponde, y no duda en hacérmelo saber. ¿Sabrá lo que me pregunto cada que nos vemos? Es una cuestión necia, bien lo sé. No puedo evitarlo; perdónenme; siempre le daré vueltas.
Tengo seguro que alguna clase de poesía de segunda quería salir. Entre los suspiros se me escaparon los versos, ahora no sé qué cantar.
Hagamos un intento, uno, dos, tres... Probando las cuerdas de mi alma...
Lejano es el punto de mis desdichas,
juré y perjuré defenderlo por siempre.
Ante una mujer rendí mis esperanzas,
dejé de mirarle, estando frente a frente.
Si la estrella misma nos observa en lo alto,
y ambos compartimos el tiempo de visión
¿sería posible pensar en un milagro,
así perdiéndome en la niebla del corazón?
Si nunca he sentido el abrazo de la demasía,
y entre la madrugada encuentro falsa luz,
¿será que es el tiempo de probar ambrosía?
¿Y si debo tomar del suelo otra vez mi cruz?
Cuestiones sin más en esta madrugada,
en que demonios cantan la bienvenida al alba;
anidando mi cuarto, debajo de mi cama,
tomándome para empujarme por la ventana.
Al carajo con tu vida, a la chingada con la mía.
Sin duda aprecio la volubilidad de tu voz
y cada pequeño detalle de una sutil grosería
actuando a su vez como pequeña hoz,
que se ha de cebar en las pequeñísimas heridas
causadas por las espinas de idénticas rosas.
Tantas penas, por nuestras vidas sentidas.
En nuestra infinita ignorancia de todas las cosas.
Desconectando el altavoz. Todo lo demás queda sólo para mi entendimiento... End of transmission, returning to let-me-die-mode.
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sábado, 2 de febrero de 2008
jueves, 31 de enero de 2008
Una bienvenida insospechada.
La bienvenida, eh. Pensaba sólo dejar un texto, de alguna manera agradecer la visita a este nuevo espacio para mis desvaríos - ah, el Internet es una delicia, poder decir cuanto me venga en gana y no sufrir la censura -. Sin embargo, parece que la Fortuna quieta nunca está, y siempre va a encontrar buenos motivos para recordarme que quizá fue mejor no salir de la soledad.
Sí, ayer di un adiós disfrazado de "hasta luego". De esos en que pierdes la sensación de vacío, la sustituyes por una esperanza que sabes infundada, y después te sientas a esperar a un lado, a ver a qué horas decides abrir los ojos a tu idiotez. O por lo menos dejar el llanto estúpido por un nombre que nunca debiste conocer. Seamos sinceros. Era lo mejor, punto y final. Sin embargo, humano tenía que ser, y... Tener un corazón resulta ser la peor de las maldiciones en estos casos.
La despedida sonaría más o menos de esta guisa.
Con las palabras ahogadas en la garganta
me alejé antes de que las escucharas.
Entendiste a la perfección lo que nunca dije.
El sabor de tus labios grabado a fuego
recordándome la pasión con que nos amamos;
si el adiós nace por completo de mis labios
créeme, mi cielo: es lo mejor para nuestros hados.
Dejaré en tu mente tan sólo el recuerdo
conque mi egoísta corazón te ató a mi lado,
un tiempo sincero entre mis rendidos brazos,
los cumplidos y halagos a la belleza en tus manos.
No quiero que me recuerdes. Deja en el olvido
las veces que te sostuve contra mí, ambos callados;
en verdad deseo me borres de tu memoria,
no merezco ya un lugar siquiera en tu pasado.
Hoy es un adiós, siempre lo supimos
aún cuando intentamos inútilmente atar los cabos.
Te dejo sin llorar un solo momento,
entiendo que los motivos siempre estarán sobrando,
porque dijiste que me amabas, y yo contesté un "te amo"...
Y hoy sólo veremos cómo mueren los abrazos.
Ahora, déjame caminar. Sé qué lejos me llevará
el avance inexorable de las luces de verano.
Aún cuando en mi corazón sea invierno perpetuo...
Sonreiré una vez más, tú volverás a mentirme...
Lo que hacemos ambos por el amor desgarrado.
Y bueh, empezamos mal, con lamentos sinceros. Advertidos quedan... Es más común el desahogo de las mentiras en mi alma, que las cosas más interesantes que pudiera decir. Sin embargo, les invito de nuevo a mi morada. Este humilde lugar, la casa de la tortura de mi alma.
Sí, ayer di un adiós disfrazado de "hasta luego". De esos en que pierdes la sensación de vacío, la sustituyes por una esperanza que sabes infundada, y después te sientas a esperar a un lado, a ver a qué horas decides abrir los ojos a tu idiotez. O por lo menos dejar el llanto estúpido por un nombre que nunca debiste conocer. Seamos sinceros. Era lo mejor, punto y final. Sin embargo, humano tenía que ser, y... Tener un corazón resulta ser la peor de las maldiciones en estos casos.
La despedida sonaría más o menos de esta guisa.
Con las palabras ahogadas en la garganta
me alejé antes de que las escucharas.
Entendiste a la perfección lo que nunca dije.
El sabor de tus labios grabado a fuego
recordándome la pasión con que nos amamos;
si el adiós nace por completo de mis labios
créeme, mi cielo: es lo mejor para nuestros hados.
Dejaré en tu mente tan sólo el recuerdo
conque mi egoísta corazón te ató a mi lado,
un tiempo sincero entre mis rendidos brazos,
los cumplidos y halagos a la belleza en tus manos.
No quiero que me recuerdes. Deja en el olvido
las veces que te sostuve contra mí, ambos callados;
en verdad deseo me borres de tu memoria,
no merezco ya un lugar siquiera en tu pasado.
Hoy es un adiós, siempre lo supimos
aún cuando intentamos inútilmente atar los cabos.
Te dejo sin llorar un solo momento,
entiendo que los motivos siempre estarán sobrando,
porque dijiste que me amabas, y yo contesté un "te amo"...
Y hoy sólo veremos cómo mueren los abrazos.
Ahora, déjame caminar. Sé qué lejos me llevará
el avance inexorable de las luces de verano.
Aún cuando en mi corazón sea invierno perpetuo...
Sonreiré una vez más, tú volverás a mentirme...
Lo que hacemos ambos por el amor desgarrado.
Y bueh, empezamos mal, con lamentos sinceros. Advertidos quedan... Es más común el desahogo de las mentiras en mi alma, que las cosas más interesantes que pudiera decir. Sin embargo, les invito de nuevo a mi morada. Este humilde lugar, la casa de la tortura de mi alma.
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